Ocho veces he podido morir en los 47 años que hoy celebro en reposo absoluto por las caidas del otro dia, pero aquí estoy, no hay manera de ir al otro barrio. No me asusta la marcha, me asusta que me duela.
1.- Nada mas nacer me dieron un golpe en la cabeza del que conservo una señal.
2.- Cuando en el hospital se le reventó literalmente al médico mi apéndice en las manos y casi me voy por una peritonitis, en aquel entonces mi edad era de 14 años.
3.- Volviendo de pasar la itv al coche en la carretera de Burgos un tipo me chocó por detrás latealmente y crucé todos los carriles de la autopista de izquierda a derecha sin que milagrosamente ocurriera nada.
4.- Un atropello cuando volvía de mi trabajo. Venía por la calle Alcalá en bicicleta cuando un despistado me envistió por detrás destrozándomela.
5.- Durante una carrera de aficionados, en la única vez en mi vida que hubiera podido ganar una etapa, el que iba en sprint conmigo me empujó, o nos empujamos pero su mayor envergadura hizo que yo me fuera por los suelos de cara partiéndome dos dientes y quemándome todo el cuerpo con el asfalto a solo dos metros de la meta. En aquellos tiempos no era obligatorio llevar casco. También conservo la cicatriz pero con la perilla no se ve.
6.- En la mili durante una guardia, al entregarme en el puesto de la armería una pistola, cuando el soldado hizo un disparo al aire como mandaba el reglamento para comprobar que todo estaba bien, una bala que no debería haber estado allí, me rozó el oido dejándome temporalmente sordo y pálido como si me hubiera lavado con lejía.
7.- El día de los asesinatos de Atocha, apenas 8 horas antes yo viajaba en un tren. Eran cerca de las 12 de la noche cuando subía al vagón. No llevaba la misma dirección pero hubiera podido ocurrir en cualquier tren.
Esto me causa mucho dolor, suelo ir con frecuencia al monumento en homenaje a las victimas y el primer aniversario cuando repicaron las campanas de las iglesias de Madrid no pude dejar de llorar.
8.- En los dos intentos de suicidio con pastillas, la primera fue un dia de Navidad, el primer año de mi separación y de la pérdida de mi hija. El segundo hace relativamente poco pero me sirvió para asustarme lo suficiente como para tomar conciencia de que no lo volveré a hacer.
Y eso es todo amigos. Si alguien quiere regalarme un Mac que lo diga ahora o calle para siempre.
Y para quitar el mal sabor de boca os dejo una nueva entrada en Fotos prescindibles, quiero empezar a reactivar otra vez todos los blogs.
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