En el día de ayer, un ayer como otro cualquiera me fuí a hacer fotos. Ya sabía desde donde y el qué fotografiar así que cogí el ascensor a la novena planta y las cosas iban según lo previsto hasta que recordé que allí todo era autoservicio. Un uno se lo guisa y allí se lo come. Vaya, que no te sirven en la mesa.
Un servidor se acercó al mostrador de los "cafeses" y pidió lo de siempre, un descafeinado de sobre. Primera contrariedad no hay sobres sino máquinas. Bueno, sea de máquina pues.
Al dar el OK a la camarera me dijo que si quería me invitaba a unos trocitos de pizza, como es natural asentí con la cabeza y de inmediato se me formó un agujero en el estómago. Luego, enseñándole el bastón con la derecha y la mano izquierda con pulso tembloroso le dije que tenía mesa pero que no podría llevar la bandeja hasta allí.
- Yo se la llevo, no se preocupe
- Me haría un gran favor muchas gracias, es que me van a quitar la mesa, voy para allá antes de que llegue alguien antes que yo.
Apenas dos o tres minutos después y mientras yo aun me estaba quitando toda la impedimenta de encima, me trae el cafe y cuatro cuadraditos de pizza humeante. Le sonreí y volví a agradecerle el gesto y entonces ocurrió. Dijo: "pa eso estamos" y yo ese "pa eso estamos" no lo supe interpretar. Sitúense. Víspera de San Valentín, un mozo no se si en edad de merecer pero sí en el mercado cada vez mas mermado de los heterosexuales ¿Y si hubiera sido una señal? La verdad verdadera es que no me fije mucho en ella, solo de escote para arriba, la boca y su manera de hablar, el cabello corto y en unos turbadores ojos negros, el resto para cuando me quise dar cuenta, quedaba oculto a la imaginación tras la barra del mostrador.
Pero para entonces yo ya estaba haciendo fotos que para eso había llegado hasta allí, para eso y para ver ordenadores pero no le quitemos encanto a la historia, por muy de la "manzana" que fueran.